"Sin la música, la vida sería un error", afirmó el filósofo
Nietzsche, y no andaba desacertado ya que tenemos un instinto natural
que nos anima a seguir el ritmo de la música. De hecho, la mayoría de
los niños se mueven y dan palmadas cuando escuchan una melodía que les
agrada. Se trata de una respuesta espontánea relacionada con nuestra
necesidad de comunicarnos y de expresar nuestras emociones a través del
movimiento y de nuestro cuerpo.
No hay duda de que la música es un lenguaje universal y todos, con excepción de las personas que sufren amusia,
somos capaces de apreciarla y disfrutarla. De hecho, se ha descubierto
que personas de diferentes culturas responden emocionalmente de la misma
manera ante diferentes tipos de música. Por eso, no es casualidad que
los estudios antropológicos señalen que los grupos que tenían más
probabilidades de sobrevivir eran aquellos que habían desarrollado una
danza propia y eran capaces de compartir sus sentimientos a través del
baile.
Por supuesto, la música y el baile no solo fungen como pegamento social
sino que también son muy beneficiosos para nuestra salud física y
mental. Estudios recientes han desvelado que una de las claves de la
felicidad y la satisfacción con la vida se encuentra precisamente en la
pista de baile.

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