fibromialgia es actualmente una enfermedad muy frecuente que afecta principalmente a mujeres. Pero los niños también se ven afectados por esta patología, que se asemeja más a una epidemia que a una simple enfermedad.
A pesar de que la fibromialgia fue
descubierta hace más de un siglo, sigue siendo un “misterio” desde
varios puntos de vista, lo que la hace particularmente difícil de
afrontar para las personas afectadas. En primer lugar, esta enfermedad
es difícil de diagnosticar siendo todavía desconocida por muchos
médicos. Peor aún, algunos de ellos siguen negándose a reconocerla, y
hablan más bien de trastornos psicológicos. Sin embargo, la OMS la
reconoce desde 1992 como una enfermedad con unos síntomas bien
definidos. A pesar de ello, los pacientes deben esperar largos meses e
incluso más de un año antes de que su enfermedad sea finalmente
reconocida y diagnosticada. En este periodo suelen vivir un verdadero
calvario, ya que se sienten incomprendidos por su entorno medical,
laboral e incluso familiar…
La sintomatología consiste
principalmente en dolores en sitios determinados del cuerpo. Esos
dolores deben ser persistentes durante al menos tres meses, y
prácticamente permanentes. Se acompañan de fatiga, ansiedad e incluso
estado depresivo, insomnio y trastornos intestinales, para mencionar
sólo los síntomas más importantes. Además se pueden detectar muchas
otras alteraciones tales como cefaleas, vejiga inestable, alteraciones
de menstruación, apocamiento, zumbido de oídos, calambres, alteraciones
sexuales, transpiración, sequedad de boca, etc.
Hasta ahora, los exámenes
complementarios no son concluyentes. Pero nuevas pruebas como la IRM
funcional, la punción lumbar, la tomografía de emisión monofotónica,
etc. están en vías de perfeccionamiento para permitir, en un futuro
próximo, un diagnóstico fiable y más rápido.
La segunda fuente de incomprensión
proviene del hecho de que se desconocen las causas exactas de la
fibromialgia. Actualmente parece haber un consenso sobre una
desregulación en la percepción del dolor: parece correcto, pero no hace
más que alejar un poco más el debate, sin aclararlo verdaderamente.
Por último, los tratamientos
convencionales constituyen el tercer punto en las dificultades que
encuentran los pacientes. Los tratamientos actuales son sólo
sintomáticos, aportando soluciones mínimas a las personas afectadas:
medicamentos del tipo inhibidores de la recaptura de la serotonina y de
la noradrenalina, antagonistas de la serotonina o agonistas
dopaminérgicos, que compensan los desequilibrios sin tratar la causa.
Los analgésicos y los antiinflamatorios tienen poco efecto sobre el
dolor. Sólo el ejercicio físico (kinesioterapia, fisioterapia, etc.) y
la terapia cognitiva y comportamental parecen aportar un pequeño alivio.
Para poder avanzar en este campo, es
necesario entender que la fibromialgia no tiene una única causa, siendo
más bien diferente en cada paciente. Por eso es importante buscar
sistemáticamente las causas de la enfermedad, con el fin de proponer a
los pacientes un tratamiento « a la carta ». Así pues me parece
importante determinar en las personas que sufren de fibromialgia la
existencia de los siguientes factores:
Factores desencadenantes: anestesia, vacunas, estrés excesivo, intervención quirúrgica, accidente, conflicto, choque emocional, etc., que deberá ser tratado de forma específica (isoterapia, técnicas de liberación emocional (EFT), Aora, etc.).
Trastornos intestinales: que están prácticamente siempre presentes. En esta situación, recomiendo habitualmente una alimentación equilibrada, una dieta Seignalet, tratamiento de las intolerancias alimentarias, probióticos, glutamina, etc.
Carencias o subcarencias de nutrientes: en particular magnesio, co-enzima Q10, zinc, hierro, yodo, vitamina D o B, etc., carencias que se deberán determinar y compensar.
Reactivaciones infecciosas: que se determinan a menudo, en particular la enfermedad de Lyme, dengue, herpes, candidosis, enfermedad estafilocócica, etc. Éstas se pueden diagnosticar de forma fácil mediante una muestra de sangre (tipaje linfocitario y serología). Para tratarlas se puede recurrir a los tratamientos clásicos (antibióticos, antivirales, antimicóticos, aceites esenciales, extractos de semillas de pomelo, ajo, probióticos, etc.) o, mejor aún, a la Micro-Inmunoterapia, que mejora la calidad de vida de los pacientes y, sobre todo, trata la infección en profundidad, lo que no siempre es fácil con las otras terapias.
En caso de enfermedad autoinmune asociada, el tratamiento de la fibromialgia deberá estar estrechamente vinculado al tratamiento de esa enfermedad. Una vez más, aquí la Micro-Inmunoterapia aporta una ayuda considerable.
Me parece que es igualmente importante tomar en cuenta los siguientes factores:
Intoxicación con metales pesados: aparece de forma frecuente, en particular con níquel, mercurio o plata, pero también con pesticidas. Una vez detectada, es necesario realizar una desintoxicación del organismo mediante la aplicación de nutrientes (vitamina C, selenio, zinc, glutatión, etc.), de la isoterapia y de diferentes remedios naturales (aloe vera, espirulina, ajo de oso, cilantro, hulmifulvato, cardo marino, etc.).
Problemas de la articulación temporomandibular: se mencionan a menudo en caso de fibromialgia. El test de oclusión temporomandibular confirmará el diagnóstico (desaparición de los dolores cuando se coloca un rollo de algodón entre los molares, primero de un lado, después del otro). Seguidamente el problema será resuelto por un ortodoncista.
La acidosis y la presencia de campos electromagnéticos artificiales (líneas eléctricas, antenas de relevo, teléfono portátil e inalámbrico, radar, WiFi): son también causas posibles o al menos factores agravantes.
Hay que mencionar que actualmente se organizan, en muchos centros termales, curas termales destinadas a personas afectadas de fibromialgia.
Aparte de estos tratamientos de fondo, no hay que olvidarse de los tratamientos naturales para los trastornos que el paciente presenta en su vida diaria, especialmente el dolor o la fatiga: acupuntura, EFT, harpagófito o garra del diablo, sofrología, meditación, aceites esenciales, etc.
Factores desencadenantes: anestesia, vacunas, estrés excesivo, intervención quirúrgica, accidente, conflicto, choque emocional, etc., que deberá ser tratado de forma específica (isoterapia, técnicas de liberación emocional (EFT), Aora, etc.).
Trastornos intestinales: que están prácticamente siempre presentes. En esta situación, recomiendo habitualmente una alimentación equilibrada, una dieta Seignalet, tratamiento de las intolerancias alimentarias, probióticos, glutamina, etc.
Carencias o subcarencias de nutrientes: en particular magnesio, co-enzima Q10, zinc, hierro, yodo, vitamina D o B, etc., carencias que se deberán determinar y compensar.
Reactivaciones infecciosas: que se determinan a menudo, en particular la enfermedad de Lyme, dengue, herpes, candidosis, enfermedad estafilocócica, etc. Éstas se pueden diagnosticar de forma fácil mediante una muestra de sangre (tipaje linfocitario y serología). Para tratarlas se puede recurrir a los tratamientos clásicos (antibióticos, antivirales, antimicóticos, aceites esenciales, extractos de semillas de pomelo, ajo, probióticos, etc.) o, mejor aún, a la Micro-Inmunoterapia, que mejora la calidad de vida de los pacientes y, sobre todo, trata la infección en profundidad, lo que no siempre es fácil con las otras terapias.
En caso de enfermedad autoinmune asociada, el tratamiento de la fibromialgia deberá estar estrechamente vinculado al tratamiento de esa enfermedad. Una vez más, aquí la Micro-Inmunoterapia aporta una ayuda considerable.
Me parece que es igualmente importante tomar en cuenta los siguientes factores:
Intoxicación con metales pesados: aparece de forma frecuente, en particular con níquel, mercurio o plata, pero también con pesticidas. Una vez detectada, es necesario realizar una desintoxicación del organismo mediante la aplicación de nutrientes (vitamina C, selenio, zinc, glutatión, etc.), de la isoterapia y de diferentes remedios naturales (aloe vera, espirulina, ajo de oso, cilantro, hulmifulvato, cardo marino, etc.).
Problemas de la articulación temporomandibular: se mencionan a menudo en caso de fibromialgia. El test de oclusión temporomandibular confirmará el diagnóstico (desaparición de los dolores cuando se coloca un rollo de algodón entre los molares, primero de un lado, después del otro). Seguidamente el problema será resuelto por un ortodoncista.
La acidosis y la presencia de campos electromagnéticos artificiales (líneas eléctricas, antenas de relevo, teléfono portátil e inalámbrico, radar, WiFi): son también causas posibles o al menos factores agravantes.
Hay que mencionar que actualmente se organizan, en muchos centros termales, curas termales destinadas a personas afectadas de fibromialgia.
Aparte de estos tratamientos de fondo, no hay que olvidarse de los tratamientos naturales para los trastornos que el paciente presenta en su vida diaria, especialmente el dolor o la fatiga: acupuntura, EFT, harpagófito o garra del diablo, sofrología, meditación, aceites esenciales, etc.
Además hay que tener en cuenta que la
fibromialgia afecta a menudo a personas con un alto nivel de exigencia
profesional y de estrés, es decir a personas que no tienen tiempo para
tomar un descanso, respirar y dejar que su organismo se recupere. La
enfermedad constituye para ellos una interrupción importante de su ritmo
de vida frenético. Obliga a la persona a detenerse y sobre todo a
cambiar… a cambiar su modo de vida y también a cambiar su modo de
pensar…
La fibromialgia es, por tanto, una
enfermedad difícil de abordar tanto desde el punto de vista sintomático
como causal. Considero que mediante tratamientos “a la carta”,
individualizados para cada paciente, se puede ayudar a éste a mejorar su
cuadro patológico e incluso superarlo, siempre que entiendan el
desarrollo de su enfermedad y acepten cambiar su modo de vida.
* Autor del libro en francés: « La fibromyalgie et le syndrome de fatigue chronique », Editions du Dauphin.

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