Los cambios siguen presentes en nuestra vida, en lo más cercano y en lo distante.
Quizá tengamos la sensación de que no hay seguridad en nada, ni en el trabajo, en la familia, la vivienda, los viajes...
Todo se está adaptando a nosotros, y aun así, nosotros estamos en permanente cambio.
Podemos sentir que estamos inmersos en un torbellino, como viviendo en el interior de una gran tormenta.
Quizá
no seamos capaces de percibir la realidad de forma elevada, quizá nos
sintamos perdidos, pero de lo que sí podemos estar seguros es de que
todo tiene un sentido; lo que está ocurriendo sirve para algo. Por eso
es importante recuperar nuestro centro y alinearnos con el corazón de la
vida, sin perder esa visión profunda de la realidad. La tormenta nos
mueve a contactar con lo más espiritual desde el interior y nos empuja a
la transformación.

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