Uruguay existen más de 20 especies cuyos frutos son comestibles, apetecibles y saludables para el ser humano.
La lista es larga: quebracho flojo, espina amarilla, arrayán, higuera
del monte, tala, aguaí, pitanga, guayabo, higuerón, chañar, ubajaí,
guabiyú, mataojo colorado, algarrobo, arazá, tarumán sin espinas y las
palmeras butiá y yatay forman parte de ella.
Algunas de estas frutas fueron consumidas con frecuencia antaño, en los
primeros años de vida del país, antes de la llegada del aluvión
inmigratorio, cuando la mayor parte de la población se concentraba en la
campaña.
Pero ese conocimiento se perdió para la mayoría. Hoy en Montevideo y en
el resto de las ciudades del país el consumo de frutos nativos, muchos
de los cuales podrían obtenerse gratis, es extremadamente raro. Incluso
algunas de estas frutas son conocidas en países tan lejanos como Nueva
Zelanda, pero aquí no.
Sin embargo, esta situación ha comenzado a cambiar gracias a un trabajo
conjunto de la Facultada de Agronomía, el Instituto Nacional de
Investigaciones Agropecuarias y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y
Pesca.
Beatriz Vignale es ingeniera agrónoma, especialista en fruticultura, y
una de las responsables de que el viejo saber sobres los frutos nativos
haya comenzado a ser rescatado.
Vignale vive en Salto y trabaja en la filial local de la Facultad de
Agronomía. Sus estudios siempre habían estado concentrados en lo que en
la facultad se llaman “frutos mayores”: manzanas, naranjas, duraznos,
peras. Pero su carrera cambió un día cuando un grupo de mujeres rurales
salteñas le hizo una pregunta inesperada. Estas mujeres vendían dulces y
mermeladas de “frutas mayores” sin aditivos ni conservantes. Sin
embargo, a pesar de que sus productos eran totalmente naturales, los
turistas que visitaban las termas no mostraban demasiado interés. Ellas
notaban que los visitantes buscaban otra cosa, no solo algo natural,
sino también típico del lugar. Una buena jalea de frutillas o manzanas
se puede comprar en cualquier lugar del mundo.
-¿Por qué no hacemos algo que sea nuestro, que la gente pueda comprar y llevarse de regalo, como souvenir o recuerdo? –le preguntaron las mujeres. -¿Qué fruto de nosotros vale la pena envasarlo, ponerle una etiqueta y venderlo?
Vignale se dio cuenta que aquella era una buena pregunta, pero no sabía
la respuesta. “No me habían enseñado eso en la facultad”.
La ingeniera agrónoma se contactó con Danilo Cabrera, un colega,
especialista en frutas del INIA. Juntos decidieron investigar el tema y
para ello se contactaron con Juan Pablo Nebel, de la Dirección Forestal
del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Los tres comenzaron a
trabajar en el tema en el año 2000. Y en una década el trío de
rescatistas de los frutos nativos ha logrado mucho. Ya se realizaron
cinco encuentros nacionales sobre este tema. El más reciente, celebrado
en marzo en Salto, reunió a 180 personas, entre ellos varios docentes de
Secundaria interesados en transmitir este saber a sus estudiantes.
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